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“Covadonga, lugar de encuentro”. Primera Conferencia Cuaresmal del arciprestazgo de Oviedo

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“Covadonga, lugar de encuentro”. Primera Conferencia Cuaresmal del arciprestazgo de Oviedo

“Covadonga, lugar de encuentro”, fue el título de la primera de las Conferencias Cuaresmales del arciprestazgo de Oviedo, celebrada este lunes, 19 de marzo, en el salón de actos de la Basílica de San Juan El Real. Corrió a cargo del Abad de Covadonga, Adolfo Mariño. Al comenzar su intervención, justificó el título de la misma porque, según él, “Covadonga es un lugar de encuentro con Dios, con la naturaleza y también con una historia determinada, y por supuesto con una mujer, María, a la que cariñosamente llamamos La Santina”.

“¿Qué nos encontramos en Covadonga nada más llegar? –dijo–. Pues nos encontramos con celebraciones motivadas por tres centenarios: el decimotercero de la rebelión de don Pelayo en Asturias, en lo que constituyó el hito fundamental de inicio de la historia del Reino Asturiano, primera estructura organizada del poder cristiano surgido en la Península Ibérica. Se inicia, por tanto, no sólo el Reino de Asturias, que estamos celebrando, sino el comienzo de la unidad de España y una de las raíces fundamentales de la Europa cristiana, así lo dijo el Papa San Juan Pablo II cuando llegó aquí entre nosotros a Asturias”.

Además, el Abad narró, entre otros muchos detalles, el incendio, en el siglo XVIII, de la Santa Cueva: “Un 17 de octubre del año 1777 un incendio destruye la Santa Cueva. La experiencia de desolación del pueblo asturiano fue grande. Aquella que desde tiempos inmemoriales era venerada, aquella, María, referente e icono de atracción para peregrinos, quedó calcinada. Al año siguiente, en el 1778 el cabildo de la Catedral de Oviedo regala la imagen que hoy podemos ver y venerar en el Santuario. Afortunadamente existe una copia de aquella calcinada que los canónigos regulares custodios de Covadonga en aquella época encargaron antes del incendio y que en la actualidad esa imagen está en Cillaperlata, en Burgos. Una imagen sedente, de estilo románico, y su fiesta la celebran también en la misma época que la nuestra”.

Continuando con la explicación de los tres centenarios que nos encontramos celebrando en este año, Adolfo Mariño relató el momento de la coronación canónica de la Santina: “El 8 de septiembre de 1918 el rey Alfonso XIII acudió a Covadonga para presenciar como testigo de excepción, junto a la reina Victoria Eugenia y el gobierno de la nación, la coronación canónica de la Virgen de Covadonga, centenario que también celebramos. Una gracia concedida por el Papa Benedicto XV, en un acto presidido por el cardenal asturiano –que nos sonará porque tiene una calle dedicada a él–, don Victoriano Guisasola, junto con Baztán y Urniza, y otros obispos asturianos y de diócesis vecinas. Fue una ceremonia multitudinaria, hay fotografías de aquella época. Y con el amor que el pueblo asturiano profesó desde siempre a la Santina, se sufragaron con donativos las dos coronas, la de la Virgen y la del Niño, elaboradas por los talleres Granda, del sacerdote asturiano don Félix Granda, natural de Pola de Lena. Aquel memorable día, Alfonso XIII manifestó: Vamos a hacer algo único en el mundo, unir el arte de la naturaleza a la Religión y a la Historia, en el lugar del nacimiento de una nación.

Además, señaló el Abad que una coronación de una Virgen “no es un acto común en la Iglesia católica”, y el Pontífice concedió esa gracia, así como la del Año Jubilar para el Santuario, en 1918, “Ante la extendida devoción a la Santina –así lo dijo–, no sólo en España sino también en el resto del mundo, y especialmente en los territorios de ultramar. La Santina es desde hace siglos conocida y venerada en numerosos rincones del planeta, y ante ella se postran cada año los emigrantes de nuestro pueblo, especialmente de Latinoamérica”.

Finalmente, Adolfo Mariño recordó la tercera efeméride que se celebra este año, y es el centenario de la declaración del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga. “Es este paraje en palabras del Papa Juan XXIII una sonrisa de la naturaleza. Fue el primer parque nacional de España y su inauguración tuvo lugar el mismo día de la Coronación de la Virgen”, explicó el Abad, y añadió: “Estos tres centenarios, su historia, su naturaleza y su fe dan el carácter identitario de nuestro pueblo y no podemos olvidar esto”.

En su intervención, hizo un repaso de la presencia de grandes santos en Covadonga a través de la historia, como san Antonio María Claret, san Pedro Poveda, san Juan XXIII o san Juan Pablo II.

Además, reivindicó la presencia de Covadonga en el Camino de Santiago: “Siempre existió una ruta que llegaba desde Santo Toribio por caminos escarpados y tortuosos, a Covadonga. Poseemos un crucero del siglo XVII que nos habla del camino que pasa por Covadonga. Existía una gran relación con la orden de Santiago y más estrictamente con alguno de sus miembros”, afirmó, y dijo que “desde los ayuntamientos del Oriente y de Oviedo se está reivindicando la llamada Ruta de Covadonga. Creo que será un regalo de este triple centenario, en el Camino de Santiago, la llamada Ruta de Covadonga”.

Además, también tuvo un recuerdo para los años de la guerra civil, y cómo la Virgen permaneció “en el exilio” durante unos años. “La Santa Cueva se cerró en agosto, y allí permaneció hasta finales de septiembre. Luego desapareció. Un matrimonio socialista que trabjaba en el hotel Pelayo, la guardó en el armario de la ropería. Una mujer de un médico de izquierda republicana se enteró del sitio donde estaba la Virgen, y acudía a rezar ante ella. Por miedo a que fuera descubierta, se llevó a Gijón. Allí estuvo guardada por el Consejo de Gobierno, dominado por socialistas. En septiembre del 37, ante el inminente fin de la guerra, Eleuterio Quintanilla, destacado anarquista, fue el encargado de evacuarla con diversas obras de arte. La Virgen llegó a Burdeos, pero se perdió su huella, apareció en la embajada española de París. Un joven comunista asturiano se encontró en un cajón a la Santina y la escondió para su seguridad. Al finalizar la guerra, después de visitar muchos lugares de Asturias –estuvo procesionando 23 días– el 6 de junio de 1939, a la una y media de la tarde, retornaba a su casa”. “Mi conclusión –afirmó el Abad– es la que sigue: en Salvarla y traerla, intervinieron personas de las más variadas tendencias políticas. La Santina fue lo único que los unía a todos. Fue y sigue siendo así”.

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